02 noviembre 2020

LA ÚLTIMA LECCIÓN




LA ÚLTIMA LECCIÓN. L'heure de la sortie (2018). Sébastien Marnier


 
Ya lo dijo William Shakepeare: "La juventud, aún cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo".
La película que os vengo a comentar se abre con el salto del profesor de Lengua y Literatura por una ventana a mitad de una clase con sus alumnos de 3º de ESO. El sustituto, Pierre Hoffman, se encontrará a su llegada al liceo Saint Joseph una clase experimental de altas capacidades. Un grupo de alumnos que despuntan académicamente sobremanera, pero cuyos comportamientos y actitudes pronto despiertan la incertidumbre del profesor. Algo misterioso, indescifrable, envuelve las clases, y una sospecha se instala en Pierre de manera obsesiva. ¿Por qué se tiró por la ventana el profesor anterior? ¿Qué ocultan los alumnos tras su comportamiento déspota y oscuro?
De las muchas preguntas que ofrece el film, dos son las reflexiones en las que nos vamos a centrar en la crítica de nuestro blog. La primera de ellas entronca directamente con el sistema educativo. El modelo de excelencia que construyen para los alumnos no hace sino incentivar su arrogancia y competitividad. Se creen superiores porque el sistema les confirma que lo son. Los resultados académicos se anteponen al ser humano. Sufren la alienación del viejo obrero de las fábricas. Así pues, un nihilismo arrollador se apodera de sus personalidades. Son pozos de conocimientos vacíos de valores. En clase retan al propio profesor, al que consideran por debajo de su nivel. En un momento dado responde con una bofetada a Adelline, una de las alumnas, que le tomará de la mano en la escena final, cuando contemplan la realidad desde un mismo punto de vista. 
La segunda idea sobre la que se construye la película de Marnier parece dar respuesta a todo lo anterior. La falta de un modelo ético educativo se refleja en el día a día de un mundo a la deriva. Crisis financieras, guerras y migraciones masivas de refugiados, intolerancia y maltrato medioambiental. Ese último aspecto parece ser la piedra angular del relato fatalista del film. De qué sirven los alumnos brillantes, de qué los conocimientos, para qué la bondad si, pronto, no habrá un mundo que habitar. Preparamos a los jóvenes para un futuro, pero no preparamos al futuro para que sea habitable para ellos. Cuando esa verdad se revela, qué importa lo demás. Lo importante. 
Mejoremos el mundo para mejorar la educación. 
Por otra parte, enmarcamos esta película en la pedagogía personalista, porque el profesor se preocupa de dotar a los alumnos con los medios necesarios para que desarrollen al máximo sus altas capacidades. Con mayor o menor éxito. 
Finalmente, dejo en mi blog una frase inspirada en la poesía de Gabriel Celaya: “la educación es un arma cargada de futuro”. Vivimos en un mundo atacado, violento, muchas veces, a través de su maquinaria económica y social, un mundo que necesita reformas urgentes. Una intervención que vendrá de la mano de los seres humanos del mañana. Los jóvenes que ahora debemos educar. Y más que nunca enseñar a pensar por sí mismos, desarrollar el pensamiento crítico, huir de eslóganes que predican la intolerancia y de extremismos patrióticos. Las prioridades pasan por cambiar la relación con el otro y con el planeta que les rodea. Aprendamos de nuestros errores y mejoremos nuestra herencia cívica y ética. Estamos a tiempo, profesor@s.

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